sábado, 28 de noviembre de 2015

Hay algo que quería decir

Llevo un par de semanas acordándome el lunes o el martes de algo que me gustaría comentar en el blog. Hasta ahora, llegaba el sábado y se me olvidaba que quería comentar algo. Hoy no se me ha olvidado, lo que se me ha olvidado es lo que quería comentar :-).

Intentando hacer memoria ... no creo que fuera sobre política o las elecciones o Cataluña o la actualidad. No creo que fuera sobre el trabajo, las nuevas instalaciones, las nuevas responsabilidades, etc. No creo que fuera sobre comida y los fallidos experimentos en repostería.

No creo que fuera sobre ese buen estado general y esas molestias particulares en la cadera cuando juego al fútbol. No creo que fuera sobre mis recién descubiertas habilidades como electricista. No creo que fuera sobre ninguna de las cosas que ahora mismo se me vienen a la cabeza.

Solo estoy seguro de una cosa y es que hay algo que quería decir. La próxima semana, quizás.

Un saludo, Domingo.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Un crowdfunding

Eso es lo que voy a tener que hacer. O eso o que mi jefe me doble el sueldo. Casi mejor lo segundo. A ver si me acuerdo el lunes de proponérselo :-). En fin, puedo llorar con un ojo así que si hay algo que ni puedo ni debo, es quejarme.

Un saludo, Domingo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Los inhumanos, enemigos de todos

Hacemos mal en llamarles animales o bestias. Acertamos cuando hablamos de sinrazón, barbarie, terror o cobardía. Cuanto más evolucionada está una vida, más frágil es y más debería hacer por intentar preservarla, tanto la suya como las de los demás. Basta ver la tierra de un jardín, de una jardinera o una maceta. A poco que esté al aire libre, una semilla, una hierba, calificada por nosotros como mala simplemente porque no es de nuestro gusto, germinará y la vida brotará.

Los mamíferos que solemos tener como mascotas no se reproducen casi por generación espontánea pero también tienen una resistencia mayúscula y encima son más humanos que los que empuñan un Kalashnikov.  Un perro se puede hacer un corte profundo o puede ser abierto en canal, operado y vuelto a cerrar que al par de días, si no al día siguiente, estará bien sin necesidad, casi, de cuidados en la herida. A mí una operación relativamente menor me tuvo más de dos semanas con puntos y curas diarias y un mes de baja laboral.

Subiendo (teóricamente) en la escala evolutiva, solo los padres responsables saben cuánto cuesta criar un hijo. Ayer, cientos de padres vieron como un fanatismo impropio de los tiempos que corren dieron por tierra, cuando no bajo tierra, con todos sus esfuerzos. Solo me puedo imaginar una cosa más triste que acabar tus días ametrallado por un fanático, ser el fanático que ametralla o quizás haya otra más, ser el padre de uno de esos fanáticos y contemplar el hecho con orgullo.

Hará unos meses escuché en la radio que estábamos librando la tercera guerra mundial. No lo había pensando hasta entonces pero me di cuenta de que así era. Si fuera una persona religiosa, hoy mis rezos irían en avión hacia París y mañana también en avión hacia Siria, Iraq, ... pero en un caso a consolar a las víctimas y en otro a dar aliento a las bombas que caen sobre los asesinos. Es muy triste, lo sé, pero es cuestión de evolución. No quiero imaginarme que la especie más apta para vivir en los mejores años que nunca haya tenido la humanidad sea la especie terrorista.

Un saludo, Domingo.

domingo, 8 de noviembre de 2015

La carretera, enemiga de los animales

Hará unos veinte años que viví mi primer atropello de animales. Era en Ronda, conducía el que entonces era novio de mi prima, iba por la calle, un perro salió al paso y ...
Mientras el involuntario canicida preguntaba por todas partes para ver si se podía hacer algo con el animalito, aunque solo fuera terminar antes con el dolor, el dueño miraba cómo agonizaba y decidía que una vez muerto lo echaría en tal o cual contenedor de basura. Es posible que quisiera a su perro, pero como se quería antes, hace años, a los animales en las casas, un cero o una gallina, por ejemplo. Se les podía coger cariño pero la pena por su muerte duraba entre poco y nada.

Hará unos siete morían, con escaso tiempo de diferencia, Tina y Kiteretxu , Kite, o Kite y Tina. Perrita y gatito, gatito y perrita porque además ambos eran unos cachorros. Un pelín mayor el gato. Desde entonces, cada vez que veo un animal atropellado, no siento el insondable pesar que sentiría mi mujer si lo viera pero sí que lo comprendo.

Ayer vi a un perro que estuvo cerca de acabar atropellado y quién sabe si no lo acabará. Lo único peor que eso es que me acusaran a mí de abandonarlo. Manda...

Pongámonos en situación. Voy por la autovía y al llegar a un viaducto de unos 300 ó 400 metros de ancho, veo un perro más bien pequeño corriendo por el arcén. Era un perro atigrado, del estilo pitbull de esos que tanto gustan a algunos. Podía parecerse a este de la derecha.

Así pues, voy reduciendo la velocidad aun sabiendo que eso me pone a mí en peligro y una furgoneta que va detrás de mí hace lo propio. Afortunadamente parecía que no habría riesgo de colisión. Al llegar a la altura del perro, este se asusta y pasa del arcén a la carretera, justo a la altura de mi rueda derecha. Freno más, incluso pito, perdón, acciono el claxon y el perro vuelve al arcén. Duda durante unos instantes si seguir hacia delante, hacia atrás, se asoma por la barandilla manifestando su intención de abandonar la carretera pero el vacío lo disuade.

Mientras, yo paro en el arcén, las luces de emergencia activadas y me quedo en el coche dudando si abrir la puerta e intentar cogerlo o no. Son más de uno y más de dos las personas que han muerto atropelladas por un conductor distraído mientras salían del coche para cualquier menester. Lo sopeso un par de veces pero siempre viene algún coche así que no termino de atreverme. Son unos cuantos segundos, los mismos que necesita el perro para darse la vuelta y empezar a recorrer la centena de metros que le separaba del inicio del viaducto.

Miro por el retrovisor como el perrito, un año le calculo yo, con su collar rojizo se va haciendo más pequeño y desaparece en una curva cercana a lo que yo interpretaba como el inicio del viaducto. Dejo de verlo y deduzco que ya lo ha  abandonado y se encuentra relativamente a salvo. Espero por si acaso y tras un tiempo prudencial reemprendo la marcha. En total habrían pasado entre dos y cinco minutos. Probablemente no más de tres pero se me hicieron eternos.

Durante todo este tiempo, una furgoneta, probablemente la que iba detrás de mí había permanecido parada también en el arcén con la doble intermitencia puesta. Suponía que pensaban que estaba en problemas y habían parado por si necesitaban ayudarme. Los adelanto a escasa velocidad. Inician también la marcha y veo a un hombre y una mujer, el hombre al volante. Aunque sería más exacto decir que tenía una mano en el volante porque con la otra manejaba un móvil con el que me hacía una foto. Al menos hacía con esa mano el gesto característico de cuando se saca una foto.

Pienso que lo mismo no querían ayudarme sino que están cabreados porque tuve que parar de forma súbita pero no le doy mayor importancia. Cojo el desvío correspondiente y veo que la furgoneta me sigue. Paso una rotonda y me sigue. No solo me sigue sino que me echa las luces y vuelve a sacar el móvil. Eso sí que no lo entiendo. Así pues, en la siguiente rotonda paro en una de las escapatorias y la furgoneta para a mi lado.

No recuerdo muy bien la conversación pero no debió ser muy diferente a lo que voy a contar. Básicamente me preguntaron por el perro y si lo había abandonado. Les dije que tengo ocho perros por lo que ese extremo era altamente improbable. La señora, que bien pudiera ser la madre del conductor, afirma que el perro ha salido de mi coche. Les intento explicar lo que han visto y el conductor me dice que me quede ahí que ahora se lo voy a tener que explicar a unos compañeros suyos que van a llegar. Él, interrumpiendo la circulación, es increpado por otros conductores por lo que para un poco más adelante.

Me bajo del coche, llego a su altura y se vuelve a reproducir la conversación. El conductor, con un lenguaje que describiría como "profesionalmente correcto" da la sensación de trabajar en el mundo de la seguridad e insiste en que no tengo que explicarle nada sino que tendré que explicarlo a sus compañeros. Le pregunto si es agente y me confiesa que no, que es un empleado de seguridad aunque no aclara de qué y que tendré que explicarle todo a sus compañeros. En ese momento le comento que él también tendrá que explicar por qué me ha fotografiado mientras conducía y entonces se pone nervioso y lo niega. Sí que admite haber llamado para reportar ... lo que sea. Le hago ver que esa llamada es incluso peor que la fotografía pero vuelvo a insistir en que lo que han visto no es sino a mí intentando evitar un atropello, luego dudando si coger al animal y por último yéndome al no volver a verlo.

Entonces me pregunta por qué no he llamado para avisar del perro en la autovía. Le respondo que tiene razón, que podría y probablemente debía haberlo hecho pero que no caí. Bastante preocupado estaba con que no me atropellaran en caso de decidirme a salir pero, siendo verdad eso, de ninguna manera iba a permitir que dijeran que yo había abandonado un perro.

En ese momento ocurrió algo llamativo. Él niega haber dicho nada, algo que posiblemente era cierto porque lo había asumido, lo había dado a entender pero creo que no lo había dicho. Yo comento que alguien había dicho que el perro había salido del coche pero no recordaba quién. Y él entonces dice: "Ha sido ella que habla demasiado". Me quedo asombrado por el efecto de una frase tan corta. En primer lugar ese "ella" me induce a pensar que no es su madre. ¿Quizás su suegra?. Lo de que hablara demasiado y el tono en que lo dijo me hizo decantar por esa segunda opción o al menos tenía claro que la opinión que tenían él de ella (y quién sabe si viceversa) era mejorable, por ponerlo de forma suave.

La cosa se serena, parece que mi actitud los ha convencido de que no soy un abandonador de perros y en un momento dado él llama de nuevo. Parece contradecirse de su opinión anterior al decir que le había parecido, había interpretado ... pero que probablemente era solo un perro abandonado por tal zona. Poco después se va pero no sin volver a insistir (vuelta la mula al trigo) que me quede para que los que fueran a llegar, puedan preguntarme/interrogarme. Amablemente le digo que no pienso quedarme, que le doy mi número de teléfono, puede llamar si quiere asegurarse de que es el número legítimo (algo que no hace) y que lo mismo que voy a relatar en una rotonda lo voy a hacer hablando por el móvil en mi casa, una vez se me haya pasado el mal rato. Esta última parte es posible que no la dijera :-).

Y así ocurre, al menos parcialmente. Quiero decir, ocurre que vuelvo a mi casa y se me pasa el mal rato pero en ningún momento me llaman. Tras el mal rato, queda la preocupación por el perro ¿quizás escapado de alguna finca cercana?, la gratitud a quien se preocupa tanto por un perro como para llamar y avisar de ello y otro sentimiento de más difícil expresión para quien presupone que eres un maltratador de animales, tarda en entrar en razón e incluso cuando aparentemente lo ha hecho, no se disculpa por ello ni lo explica.

Un saludo, Domingo.

sábado, 31 de octubre de 2015

Altibajos deportivos

Altibajos es cuando me doléis
La cadera, la cintura o las rodillas
También cuando el fútbol, ya sabéis
Inunda de molestias y esas cosillas.
Balompédicos achaques que se paran,
Al pasar las noches de puntillas,
Jueves noche y viernes reparan
Ordenan, arreglan y ya se han ido.
Sábado por la mañana. Hay partido.

Un saludo, Domingo.

sábado, 24 de octubre de 2015

No estaba solo, volvió al futuro

En los últimos meses he escuchado hablar varias veces de Monterroso y su famoso dinosaurio. Ignoro si fue él el que inició el género, el que le dio fama o el que contribuyó a ella pues parece que las seis palabras ya llevan tiempo dando vueltas. Lo he leído hoy en Jot Down: http://www.jotdown.es/2015/10/vivieron-y-murieron-en-seis-palabras/

El caso es que parece que hay gente que tiene cierto gusto por este pseudo haiku y hasta cuentas de twitter dedicado a ello que he empezado a seguir https://twitter.com/enseispalabras

Por mi parte y antes de encontrar esta cuenta de twitter, ya me había decidido por esas seis palabras que componen el título. Y por lo que veo, haciendo referencia al tiempo, algo que no sorprenderá en el blog, a los viajes en el tiempo, algo que no sorprenderá esta cinematográfica semana y además haciendo referencia a una palabra que está presente en cinco de los últimos seis nanorrelatos (si no recuerdo mal ese era el nombre) del tuitero.

Ciertamente, contar una historia en seis palabras requiere expresar por un lado el paso del tiempo y por otro manifestar una situación de origen indefinido y con un final por determinar. No sé si mucho más o no sé si mucho menos. Algunos pobres intentos por explicar cómo crearía yo tales nanorrelatos serían:

Llamó la atención, en seis palabras.
Cerró ahora, abrió pasado y futuro.
Contó poco pero dejó muchas incógnitas.
Cuando acabó, tocó el turno del lector.
Cada palabra contó; seis casi todo.
A veces un tuit era demasiado.

No sé si lo he hecho bien. Lo que sé es que había puesto las frases en presente y no me daba la sensación de que en ninguno de esos casos lo he hecho bien. Lo cambié a pasado y ya sí me dio la impresión de haberlo hecho mejor. Mirando de nuevo al tuitero, compruebo que el uso del pasado suele ser también una constante. Claro, como le lees ahora, te preguntas irremediablemente qué ha pasado después. 

En este sentido, el ejemplo que viene en Jot Down es mejor. De memoria, sería algo así como un anuncio de venta que traducido libremente al español podría quedar como: Vendo carrito de bebé. Nunca usado.

Claro, usa el participio de pasado, no el pasado. Usando el presente se me ocurre acudir a los sentimientos. Algo así como:
Pienso en ti y no lloro.

O en futuro:
Lo conseguiré, pase lo que pase.

Bueno, quizás no sea la mejor entrada, quizá sea un tanto vacua, pero me ha gustado así que me despido con el último nanorrelato:

En seguida vuelvo.
Un saludo, Domingo.

sábado, 3 de octubre de 2015

¿Y ahora qué?

Bueno, ahora la cosa queda en un cierto estado de indefinición en el que cualquier cosa puede pasar. Artur Más puede reinventarse otra vez, la enésima, Rajoy se comerá los turrones pero posiblemente solo eso y yo inicio, justo tras el 27-S, una nueva etapa en la misma empresa pero distinto equipo.

Creo que va a ser divertido pero no hay duda de que va a ser todo un reto. Y no hay duda tampoco de que tendré que desarrollar nuevas habilidades. Hasta ahora mi carta de presentación siempre ha sido la honestidad. Digo lo que hago y hago lo que digo, no como otros que o dicen o hacen pero nunca las dos a la vez :-).

En cambio, el futuro quizás se pueda presentar más táctico, más partida de ajedrez ... cuando no de dominó. Quizás la opción sea siempre buscar esa primera ficha, esa que tiene una resistencia menor pero que a la vez hace que la reacción en cadena subsiguiente sea lo más extensa posible. De nada te sirve perder el aliento en montar esa cadena de fichas para al final acabar tirando solo la última.

Pero eso será en un futuro ... o quizás no porque una cosa es lo que uno imagina y otro lo que finalmente ocurre. En cualquier caso, será interesante. Eso sí que no lo duda nadie.

Un saludo, Domingo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Jo sóc català, Tu ets espanyol

Mañana votan los catalanes y todo indica que tendrán escaños suficientes como para seguir adentrándose, de forma casi definitiva, en ese camino que para unos será tortuoso y llevará al infierno y para otros de rosas y llevará al cielo.

No soy muy optimista con respecto al resultado. Ojalá haya una gran riada de voto oculto así como después sentido de estado por parte de los partidos constitucionalistas que muestre que las cosas en Cataluña se pueden hacer de otra forma diferente a como se han estado haciendo en los últimos años.

Se dice que cada español tiene dentro un entrenador de fútbol, seleccionador a ser posible, un experto en religión y otro en política. El mío me dice que la deriva nacionalista de los últimos años es la suma de los que ya estaban allí, Esquerra, y de los que han dado un bandazo coincidente, quizás, con los problemas judiciales del partido. Lo he comentado a algún conocido, mi sospecha es que los políticos convergentes albergan la esperanza de algún tipo de amnistía para aquellos que han "robado por Cataluña".

Como tanto mi seleccionador interno creo que está jugando ahora mismo al ajedrez con el monaguillo, seguiré preguntándole cosas al experto en política. En particular le pregunto si será culpa mía si mañana los catalanes dan mayoría casi absoluta al engendro de Juntos por el Sí y me responde que cuando pedía un gran pacto de estado entre populares y socialistas no lo consideraba un engendro. Punto para él, el hecho de que el agua y el aceite se alíen para conseguir algo que a mí no me gusta, no significa que la unión no sea lícita, solo que a mí no me gusta.

Una vez aclarado esto me responde que sí que sería culpa mía. Culpa mía por no haber exigido a todo el espectro político no nacionalista una mejor estrategia. Culpa mía por no haber manifestado lo que, muy tarde, quizás demasiado, he hecho con el título de esta entrada. Solo estuve una vez en Barcelona y me sentí muy a gusto todos los días que allí estuve. De igual forma que cuando he estado en EEUU me he sentido parcialmente estadounidense o en Eslovaquia parcialmente eslovaco o inglés cuando veraneaba en el Reino Unido. En todos los sitios me he sentido ciudadano del mundo y en Barcelona, además, español y catalán.

Por este motivo, me gustaría que se sintieran tan españoles cuando visitan Málaga como yo catalán cuando visité Barcelona. Eso, según parece, fue lo que se hizo también en Londres antes del referéndum de Escocia o en alguna ciudad de Canadá antes del de Quebec.

Es probable que eso sea lo que comentaban algunos acerca de "hacer que los catalanes se sientan queridos" pues iría en sintonía con lo de la "desafección" que sus políticos dicen tener. En este sentido, solo me gustaría añadir que esa desafección la siento yo también con ellos, los políticos. Entiendo que es complicado manifestar a la vez que aprecias a un pueblo pero desprecias a una clase política. Sin embargo, eso y no otra cosa es lo que escuchamos por doquier en España.

En eso hay que reconocer que sí que nos han ganado los políticos catalanes. Es casi lo único por lo que diría que Cataluña no es España. Por lo demás, que lo sepan. Los aprecio tanto como a los extremeños, a los gallegos o los castellano manchegos. Y les deseo lo mejor. A los de Australia, por ejemplo, también los aprecio y no les deseo nada malo, pero no me une con ellos el mismo vínculo. Espero que me lo sepan perdonar ... los australianos.

Un saludo, Domingo.
P.D.: el título ha sido traducido con Google Translate. No debería hacer falta decirlo, pero por si acaso.

sábado, 19 de septiembre de 2015

El último en prometer

El último en prometer es el primero en cumplir, dice el refrán y siempre he pensado que, como todos los refranes, encierra, si no una gran verdad, al menos una chiquitita.

Hay personas, irreflexivas, que no sopesan las circunstancias. Otras son solo antojadizas. Las menos, simplemente se equivocan en un análisis inicial que bien pudiera ser minucioso. En cualquier caso llegado el momento hay que hacer valer la palabra dada y no siempre es fácil. Sobre todo cuando hay dinero por medio y la palabra no se ha dado de forma taxativa sino más bien medrosa o si se encuentra uno en mitad de una negociación cuyos términos y la información con la que cuentas pueden llegar a ser cambiantes.

De niño, yo decía que intentaría que mi palabra valiera más que mi firma simplemente por una razón, la firma estás obligado a respetarla, o debieras, la palabra no tiene nada detrás que te fuerce salvo tus propias convicciones. Intento hacer memoria y la mayor parte de las veces lo he hecho, no siempre, pero sí la mayor parte. Incluso en alguna ocasión tras reflexionar acerca de si merecía la pena o no quebrantar la palabra dada, he decidido que no y me ha quedado mal sabor de boca porque en realidad debiera haberlo hecho sin duda alguna. No sé si debiera pero al menos me gustaría haberlo hecho sin duda alguna.

Un ejemplo, quizás el más claro que recuerdo, la compra del coche hace ya algunos años. Dije que sí a un coche de exposición con una cierta rebaja e iba a hacer la transferencia para la reserva cuando me llaman de otro concesionario ofreciéndome uno nuevo por prácticamente el mismo precio. Llamé porque entendía que la situación (la mía) había cambiado y debía intentar una contraoferta del concesionario. El vendedor no se lo tomó a bien, me llamó pesetero y me acusó de valorar más el dinero que mi palabra (con otras palabras pero fundamentalmente lo que me dijo fue eso). Yo, al revés que él, no perdí la compostura, me disculpé pero le dije que las circunstancias (las mías) habían cambiado y no compraba ese modelo. Al final me llamó, disculpándose por los modos (una mal día o una mala mañana, me dijo) y haciendo una contraoferta que al final acepté.

Obviando la profesionalidad del vendedor a la hora de dirigirse así a un cliente, creo que mi postura sería considerada normal por el 90% o más de las personas. Todavía dudo sobre qué le parecería a mi antiguo yo, el niño que quería que su palabra valiera más que su firma. En cualquier caso ese niño aprenderá que hay muchas cosas que aprender y que el salto del mundo de las ideas infantiles al de hechos de los mayores no se puede dar sin asumir ciertas decepciones.

En cualquier caso, independientemente de si debes hacer valer tu palabra o si consideras que hay circunstancias que cambian y tu palabra no es más que una expresión de intenciones que cambia al cambiar la información que manejas, lo que no se debe perder nunca son las formas o simplemente la educación.

Puedes estar interesado en comprar un artículo, un coche, una casa, un paquete de kleenex; puedes decir y repetir varias veces que la vas a comprar porque te ha gustado y que da igual si el precio final (todavía en negociaciones) es 5 ó es 10 ó es 200.000. Tras decirlo, repetirlo y solicitar gestiones que pudieran ser hasta económicamente no nulas, puedes arrepentirte por hache por be o por y griega neozelandesa que decían Tip y Coll, pero qué menos que telefonear, mandar un mensaje o un Whatsapp con voz o sin ella para comunicarlo y que no lo tengas que saber por terceras personas.

Pero claro, eso quizás es también, darle la razón al refrán. Un refrán que lo mismo podemos reescribir como: El primero en prometer es el primero en arrepentirse y el primero en no decir nada.

Afortunadamente, como digo siempre, se trata de mera conveniencia, no de necesidad. De haber sido por necesidad quizás me hubiera sentado peor.

Un saludo, Domingo.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La semana más larga

Esta semana ha sido la más larga que recuerdo en los últimos años. Quizás ante una frase de este tipo cabría añadir la coletilla "y para bien", aunque lo mismo podría ser "y para mal" pues pareciera que cualquier cosa que sea diferente a lo habitual deba ser necesariamente buena o mala. No es el caso.

Ha sido una semana en la que he podido hacer muchas cosas diferentes, casi sin pausa. Imagino que esta y no otra es la razón de que la semana se me haya hecho más larga. Aunque bueno, ¿cómo se mide la longitud de la semana?. Pues es muy simple; hay muchas formas pero una fácil podría ser que cada lunes empiezas a trabajar y dices ... ¿otra vez?. ¡Pero si hace nada que era el lunes de la semana pasada!.

Tomando el mismo ejemplo, este lunes próximo no me pasará. Igual que no me pasa hoy si comparo con el sábado pasado, el viernes con el viernes pasado y mañana con el domingo pasado. Y lo que ha cambiado cuando comparo cualquiera de esos días es que normalmente resumiría la semana en "lo de siempre" y esta vez añadiría "más un viaje a Londres de tres días compuesto por diferentes experiencias, malas, buenas y regulares que podrían tacharse de únicas y el resto de la estancia aquí con alguna que otra experiencia también única o al menos infrecuente".

En concreto lo del viaje de Londres tiene su gracia. Vas tres días, a estar con quien va a ser tu jefe pero que en realidad luego va a estar un mes en Málaga y además a mitad de estancia te dice que ya no va a ser tu jefe. Y a eso se le une que vas a reunirte con personas que están en Londres y que a mitad de estancia te enteras que vendrán pronto a Málaga. Ya para terminar añade un viaje en taxi de dos horas de Londres al aeropuerto que, él solo, puede optar al título de "semana más larga".

Pero bueno, acabó bien que es lo importante al igual que algunos de los otros asuntos. Cierto es que todavía quedan melones abiertos durante la semana que no sabemos cómo estarán ni si puestos a cerrarlos querrán o no cicatrizar. Pero de eso quizás me entere en una de las semanas típicamente cortas. Ya veremos.

Un saludo, Domingo.