Cuando las aguas no acaricien los cauces,
Cuando los ríos se desangren sin ganas,
Cuando no haya ni presas ni fauces,
Ni ladren los perros ni croen las ranas.
Cuando los buenos estén en la cárcel,
Cuando los viejos no paren en casa,
Cuando los niños de teta se amansen,
Y las mesas sean tablas muy rasas.
Cuando la flor marchita esté en boga,
Dicen que entonces acabará esa plaga,
La plaga de la muerte por partes y aparte,
Viajes de ida, sin vuelta: de la Tierra A Marte,
La plaga del hombre, que cierra la saga,
Y se destruye como quien busca la soga.
Un saludo, Domingo.
Casi el mismo blog del 2005 ... o el mismo, solo que 10 años después.
Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas
sábado, 5 de diciembre de 2015
sábado, 18 de julio de 2015
Tergiverso Crisis
Cuando los años riman con lenta
Rápido pasan, con prisa.
Inaccesible a la indolencia,
Sacudiendo la conciencia
Iridiscente, una sonrisa,
Sana todo y no avejenta.
Un saludo, Domingo.
sábado, 27 de junio de 2015
Millones de años (Relato)
Como sabe cualquier millonario en pesetas, el primer millón es el difícil. Pues bien si hablamos de años en vez de pesetas, pasa igual. Una vez conseguido lo importante es mantener la inercia, keep the momentum, y se llega al segundo, al tercero y al cuarto. Tras los cuatro primeros millones de años, ya todo es cuesta abajo.
Solo hay que pensar que cuatro millones de años es ya un respetable cuatro por ciento de los primeros cien y, por tanto, si la edad estimada del universo es de (13,7 ± 0,2) × 109 años bastará esperar diez millones de veces lo anterior (esos primeros cien de los cuales los iniciales cuatro suponen un cuatro por ciento) para que reste una cifra que se puede pagar en cómodos plazos.
Plazos tan cómodos como repetir 13,7 ± 0,2 veces esos mil millones de años ya transcurridos. Y entonces sí, entonces ya sí que nos encontramos, millón de años arriba, millón de años abajo en un momento en el que o bien estamos compartiendo tonterías en un grupo de Whatsapp o el ser humano no está ni en proyecto.
Para poder concretar un poco más tendríamos que hablar de miles de años, en vez de millones. Pero eso necesitaría otra entrada que posiblemente empezaría con: "Como sabe cualquier mileurista, cualquier millar es difícil.".
Un saludo, Domingo.
Solo hay que pensar que cuatro millones de años es ya un respetable cuatro por ciento de los primeros cien y, por tanto, si la edad estimada del universo es de (13,7 ± 0,2) × 109 años bastará esperar diez millones de veces lo anterior (esos primeros cien de los cuales los iniciales cuatro suponen un cuatro por ciento) para que reste una cifra que se puede pagar en cómodos plazos.
Plazos tan cómodos como repetir 13,7 ± 0,2 veces esos mil millones de años ya transcurridos. Y entonces sí, entonces ya sí que nos encontramos, millón de años arriba, millón de años abajo en un momento en el que o bien estamos compartiendo tonterías en un grupo de Whatsapp o el ser humano no está ni en proyecto.
Para poder concretar un poco más tendríamos que hablar de miles de años, en vez de millones. Pero eso necesitaría otra entrada que posiblemente empezaría con: "Como sabe cualquier mileurista, cualquier millar es difícil.".
Un saludo, Domingo.
sábado, 6 de junio de 2015
Toma que toma que toma (Relato)
Simpática, a la vez que musical, historia de un Simpa ... ¿a la vez que un musi?
Toma que toma que toma,
Fruta y más fruta y más fruta,
Cagando leches no se disfruta,
Esto parece una broma.
Toma que toma que toma,
Bebe que bebe que bebe,
Un batidito que debe,
Al camarero que asoma.
Toma que toma que toma,
Chuta que chuta que chuta,
Vámonos todos de ruta,
Con cuatro ruedas de goma.
Toma que toma que toma,
Fruta y más fruta y más fruta,
Cagando leches no se disfruta,
Esto parece una broma.
Bebe que bebe que bebe,
Un batidito que debe,
Al camarero que asoma.
Toma que toma que toma,
Chuta que chuta que chuta,
Vámonos todos de ruta,
Con cuatro ruedas de goma.
sábado, 16 de mayo de 2015
Excusa (Relato)
John Phillipe Mortimer caminaba impulsado por sus hombros o eso decían. Aparentemente el movimiento que dotaba de movilidad su cuerpo, el movimiento de sus extremidades inferiores, no estaba motorizado por el acto aprendido de mover una pierna y después la otra flexionando oportunamente la rodilla hasta lograr los ángulos adecuados en los momentos adecuados. Aparentemente el movimiento venía explicado por la explosiva e inexplicada reacción de un miembro ante la acción de otro o de parte de otro, el hombro del lado opuesto. Cada brusco movimiento de un hombro no solo podía encontrar un movimiento análogo de la otra pierna sino que la correlación no dejaba lugar a dudas. No podía ser de otra manera.
John Phillipe Mortiner, la atención puesta en su peculiar forma de mover los hombros, que no andar, cruzaba la calle. En sus casas decenas de personas escondidas tras sendos amarillentos visillos ... sendos menos uno que todavía parecía blando, debería decir. Decenas de personas poseedoras de veintenas de ojos que se encontraban clavados en John mientras su dueño se preguntaba si sería capaz de hacerlo.
Quedaban escasos metros, tres o cuatro hombro-zancadas, calculaban, y no habría marcha atrás. Quedaba ya tan solo un metro y John Phillipe no había parado. El mundo, ignorante, se preparaban a recibir la mayor cantidad de retuits de la historia o quizás era solo el telegrafista el que mandaría un cable a Michigan. No se sabe ni se sabrá pues justo en ese momento un rayo cegó a todos y cuando, décimas de segundo después, pudieron recuperar la visión, en el lugar donde antes se encontraba Mr. Mortimer solo podían verse alguna ceniza y terreno chamuscado.
Todos coincidieron. Al final John Philippe había encontrado, otra vez, una excusa para no afrontar su obligación. ¡¡¡Qué le gustaba una excusa!!!.
Un saludo, Domingo.
John Phillipe Mortiner, la atención puesta en su peculiar forma de mover los hombros, que no andar, cruzaba la calle. En sus casas decenas de personas escondidas tras sendos amarillentos visillos ... sendos menos uno que todavía parecía blando, debería decir. Decenas de personas poseedoras de veintenas de ojos que se encontraban clavados en John mientras su dueño se preguntaba si sería capaz de hacerlo.
Quedaban escasos metros, tres o cuatro hombro-zancadas, calculaban, y no habría marcha atrás. Quedaba ya tan solo un metro y John Phillipe no había parado. El mundo, ignorante, se preparaban a recibir la mayor cantidad de retuits de la historia o quizás era solo el telegrafista el que mandaría un cable a Michigan. No se sabe ni se sabrá pues justo en ese momento un rayo cegó a todos y cuando, décimas de segundo después, pudieron recuperar la visión, en el lugar donde antes se encontraba Mr. Mortimer solo podían verse alguna ceniza y terreno chamuscado.
Todos coincidieron. Al final John Philippe había encontrado, otra vez, una excusa para no afrontar su obligación. ¡¡¡Qué le gustaba una excusa!!!.
Un saludo, Domingo.
sábado, 2 de mayo de 2015
Silencio (Relato)
Los cinco sabios discutían. Los cinco sabios hacían como que discutían. El procedimiento era el siguiente. Cuando uno empezaba a hablar, debía hacerlo durante cinco minutos, tiempo teóricamente suficiente para puntualizar, cuando no rebatir, alguna postura anteriormente expresada así como exponer sus tesis propias, avaladas por cuantos hechos tuvieran a su alcance. En la sala, ningún reloj les indicaba cuánto llevaban hablando o cuánto les quedaba por hablar. Caídos en desgracia sus trescientos segundos, una mordaza robótica segaba su voz y nada podía escucharse por los altavoces.
Mientras esto sucedía, el resto debía calcular mentalmente y pulsar un botón cada quince segundos. Cuatro veces por minuto durante cinco, un total de veinte pulsaciones que ora se adelantaban al tiempo exacto, ora se retrasaban. La diferencia, despojada de signo cual verdad suprema carece de signo político, se iba sumando y sumando y sumando ... así veinte veces hasta arrojar una medida de cómo cada sabio lo era en medir el tiempo. Esta medida le daría, a su vez, la oportunidad de oponerse al último que hubiera hablado. Al final, cuando el minutero había dado un "voltio" completo, según la expresión de los más jóvenes, cada sabio dispondría de un turno final.
Era algo que, a algunos, a dos de ellos concretamente, les divertía; en todos los sistemas que habían probado con anterioridad habían respetado escrupulosamente los tiempos de palabra para iluminar la ignorancia del resto de respetables con la polarizada luz que escupía, a veces, sus gargantas. Tener que contar segundos en vez de atender a lo que decían los demás era no solo más cómodo sino también más divertido. Divertido porque eran los dos que mejor sabían contar segundos y, al final, los dos únicos que hablaban.
Para otros dos, sin embargo, todo aquello era exasperante. En igual posesión de la verdad pero con menor habilidad para contar segundos, se veían impotentes y contemplaban con incredulidad como el mundo quedaba ignorante debate tras debate. Algún tiempo atrás habían comenzado una cruzada para que el derecho a réplica se calculase con la respuesta de preguntas, al azar, de los más variados saberes. El primer minuto de su turno final iría invariablemente destinado a despotricar contra el injusto sistema.
Y el turno final llegó. Ni que decir tiene que los dos primeros en hablar fueron los de siempre. El primero se había desviado del conteo correcto menos de medio segundo por vez. El segundo había quedado solo a unas centésimas de diferencia. Ni que decir tiene que dijeron lo de siempre.
Tras ellos los otros dos, entre un segundo y segundo y medio de error por vez. Al igual que había ocurrido con sus previsibles compañeros, habían cometido los errores de siempre y a ellos les siguieron las jaculatorias de siempre; solo que esta vez de cuatro minutos pues el primero era el ya previamente mencionado contra el sistema.
El último fue una sorpresa, no porque fuera el último sino porque no había presionado el pulsador ni una sola vez. En vez de ello había escuchado atentamente todo cuanto decían los demás. Por ello, en cuanto tomó su palabra no vaciló en comentar:
- ¡No habéis entendido nada!
Y se marchó de la sala mientras los cuatro restantes, entre airados gestos, pedían al moderador ser ellos quienes rellenaran ese incómodo silencio.
Un saludo, Domingo.
Mientras esto sucedía, el resto debía calcular mentalmente y pulsar un botón cada quince segundos. Cuatro veces por minuto durante cinco, un total de veinte pulsaciones que ora se adelantaban al tiempo exacto, ora se retrasaban. La diferencia, despojada de signo cual verdad suprema carece de signo político, se iba sumando y sumando y sumando ... así veinte veces hasta arrojar una medida de cómo cada sabio lo era en medir el tiempo. Esta medida le daría, a su vez, la oportunidad de oponerse al último que hubiera hablado. Al final, cuando el minutero había dado un "voltio" completo, según la expresión de los más jóvenes, cada sabio dispondría de un turno final.
Era algo que, a algunos, a dos de ellos concretamente, les divertía; en todos los sistemas que habían probado con anterioridad habían respetado escrupulosamente los tiempos de palabra para iluminar la ignorancia del resto de respetables con la polarizada luz que escupía, a veces, sus gargantas. Tener que contar segundos en vez de atender a lo que decían los demás era no solo más cómodo sino también más divertido. Divertido porque eran los dos que mejor sabían contar segundos y, al final, los dos únicos que hablaban.
Para otros dos, sin embargo, todo aquello era exasperante. En igual posesión de la verdad pero con menor habilidad para contar segundos, se veían impotentes y contemplaban con incredulidad como el mundo quedaba ignorante debate tras debate. Algún tiempo atrás habían comenzado una cruzada para que el derecho a réplica se calculase con la respuesta de preguntas, al azar, de los más variados saberes. El primer minuto de su turno final iría invariablemente destinado a despotricar contra el injusto sistema.
Y el turno final llegó. Ni que decir tiene que los dos primeros en hablar fueron los de siempre. El primero se había desviado del conteo correcto menos de medio segundo por vez. El segundo había quedado solo a unas centésimas de diferencia. Ni que decir tiene que dijeron lo de siempre.
Tras ellos los otros dos, entre un segundo y segundo y medio de error por vez. Al igual que había ocurrido con sus previsibles compañeros, habían cometido los errores de siempre y a ellos les siguieron las jaculatorias de siempre; solo que esta vez de cuatro minutos pues el primero era el ya previamente mencionado contra el sistema.
El último fue una sorpresa, no porque fuera el último sino porque no había presionado el pulsador ni una sola vez. En vez de ello había escuchado atentamente todo cuanto decían los demás. Por ello, en cuanto tomó su palabra no vaciló en comentar:
- ¡No habéis entendido nada!
Y se marchó de la sala mientras los cuatro restantes, entre airados gestos, pedían al moderador ser ellos quienes rellenaran ese incómodo silencio.
Un saludo, Domingo.
sábado, 11 de abril de 2015
Con calma (Relato)
De esas cosas que del alma de Rajoy y de Soraya que ahogándose en la playa todavía se lo toman con calma. De esas cosas de huesos de los dirigentes de Podemos que sin barca y con tres remos nos ponen los pelos tiesos. De esas cosas del corazón que unos cuantos Ciudadanos, atados de pies y manos nos recuerdan con razón. Y de esas muchas cosas de la formación magenta que dicen los de la imprenta que se está cargando Rosa.
De esas cosas y otras cosas. De esas muchas cosas, de esas patas, mesas cojas, salto de mata, flores rojas, cuatro gatas y tres se enojan con la pata, con la mesa, con la mata, la maceta, la flor que es blanca, es azul, amarilla, rosa y hasta roja. De esas muchas cosas hablaremos en diez meses o en catorce se si tercia y se nos antoja. Pues a veces son diez meses y se tuercen catorce botas que se mecen con la brisa y con la prisa que nos moja. Cuatro gatos, cuatro gatas y las gotas en sus botas. Cuatro botas, cuatro batas, cazadores michos, mininos, gatos que se tornan matarratas cada rato que no retozan y trabajan, y lo cobran, del bolsillo ciudadano.
De esas cosas y más cosas. De todas esas cosas, con voz clara o aguardentosa, hablaremos de todos, con todos, sinceros o con ellos, sin agua o hasta el cuello, con bufanda y hasta en cueros desde Australia hasta Ruanda. Y una vez hablado, esa voz clara o aguardentosa, impertérrita y comatosa, atacada de nerviosa, así se me quedará la cara.
Gracias a Dios y a la tranquilidad del alma es una fortuna que dos sean más que una y ahora todo lo tome con calma.
Un saludo, Domingo.
De esas cosas y otras cosas. De esas muchas cosas, de esas patas, mesas cojas, salto de mata, flores rojas, cuatro gatas y tres se enojan con la pata, con la mesa, con la mata, la maceta, la flor que es blanca, es azul, amarilla, rosa y hasta roja. De esas muchas cosas hablaremos en diez meses o en catorce se si tercia y se nos antoja. Pues a veces son diez meses y se tuercen catorce botas que se mecen con la brisa y con la prisa que nos moja. Cuatro gatos, cuatro gatas y las gotas en sus botas. Cuatro botas, cuatro batas, cazadores michos, mininos, gatos que se tornan matarratas cada rato que no retozan y trabajan, y lo cobran, del bolsillo ciudadano.
De esas cosas y más cosas. De todas esas cosas, con voz clara o aguardentosa, hablaremos de todos, con todos, sinceros o con ellos, sin agua o hasta el cuello, con bufanda y hasta en cueros desde Australia hasta Ruanda. Y una vez hablado, esa voz clara o aguardentosa, impertérrita y comatosa, atacada de nerviosa, así se me quedará la cara.
Gracias a Dios y a la tranquilidad del alma es una fortuna que dos sean más que una y ahora todo lo tome con calma.
Un saludo, Domingo.
sábado, 28 de marzo de 2015
Una gota de lluvia
Caía y caía. No sabía hacer otra cosa. No sabía muy bien cómo pero nació. Nació sin que nadie se cuestionara si debía tener o no derecho a nacer, si el derecho era suyo o de la madre ... naturaleza. Nació sin controversia, sin ruido, sin tristezas pero también sin alegría. Nació de una forma mecánica como moléculas de agua que se sienten atraídas entre sí y se unen en algo que se diferencia poco a una orgía con átomos que lo mismo se enredan de forma impúdica que se afanan a sutiles tocamientos con más cariño que contacto.
Después de nacer, creció. Yo creo que fue la variedad de amores lo que causó que alguna otra molécula descarriada fuera a buscar cobijo allí donde todos son iguales independientemente de su raza, protio, deuterio o tritio. Aunque quizás el secreto de su éxito pudo ser en algún momento el causante de una escisión en al menos un par de grupos de aficiones similares. Ella misma ignoraba cuántas veces ella, una y trina, gota, grupo y gotas se había dedicado dinámicamente a unirse o desunirse a nivel macroscópico. Ni hablar pues de las reacciones internas.
En cualquier caso, eso ya poco importaba. Notaba ya la presión atmosférica que mi calva, ayudada por un cuerpo que lo sustenta, nota cuando pasea por la playa en un día poco anticiclónico y llevaba una velocidad de crucero de entre 8 y 32 kilómetros por hora. La gota recordaba algo de sus clases de física, 72 km/h son 20 m/s, y de ahí era fácil deducir que 36 km/h = 10 m/s, 18 km/h = 5 m/s y 9 km/h = 2,5 m/s. Era fácil colegir que el impacto era inminente tanto que no le dio tiempo a pensar más. En menos de un segundo probó algo que no esperaba, el sabor a sal.Cloruro de sodio que se había incorporado a la fiesta y con ella toneladas y toneladas de agua. Las magnitudes eran tan grandes que mareaban. Todo un bautismo de fuego que era todo bautismo y nada de fuego. Por no ser ya no era ni gota. Era corriente, era río, era mar, era solo la mar océana. Océano solo, o sea, solo océano.
Un saludo, Domingo.
Después de nacer, creció. Yo creo que fue la variedad de amores lo que causó que alguna otra molécula descarriada fuera a buscar cobijo allí donde todos son iguales independientemente de su raza, protio, deuterio o tritio. Aunque quizás el secreto de su éxito pudo ser en algún momento el causante de una escisión en al menos un par de grupos de aficiones similares. Ella misma ignoraba cuántas veces ella, una y trina, gota, grupo y gotas se había dedicado dinámicamente a unirse o desunirse a nivel macroscópico. Ni hablar pues de las reacciones internas.
En cualquier caso, eso ya poco importaba. Notaba ya la presión atmosférica que mi calva, ayudada por un cuerpo que lo sustenta, nota cuando pasea por la playa en un día poco anticiclónico y llevaba una velocidad de crucero de entre 8 y 32 kilómetros por hora. La gota recordaba algo de sus clases de física, 72 km/h son 20 m/s, y de ahí era fácil deducir que 36 km/h = 10 m/s, 18 km/h = 5 m/s y 9 km/h = 2,5 m/s. Era fácil colegir que el impacto era inminente tanto que no le dio tiempo a pensar más. En menos de un segundo probó algo que no esperaba, el sabor a sal.Cloruro de sodio que se había incorporado a la fiesta y con ella toneladas y toneladas de agua. Las magnitudes eran tan grandes que mareaban. Todo un bautismo de fuego que era todo bautismo y nada de fuego. Por no ser ya no era ni gota. Era corriente, era río, era mar, era solo la mar océana. Océano solo, o sea, solo océano.
Un saludo, Domingo.
sábado, 7 de marzo de 2015
Vuelta de tuerca (Relato)
Érase que se era una tuerca desempleada. Llevaba sin empleo casi una sesquidécada. Ya ni recordaba la última vez que había tenido un trabajo, ni fijo ni esporádico. Y además ni siquiera podía echarle la culpa a la crisis. No solo su situación había empezado muchos años antes que la maldita crisis sino que además en su casa los efectos de la crisis habían sido limitados. Ella había permanecido todo este tiempo en aquella caja de herramientas, olvidada junto tantos otros. Mal de muchos consuelo de ... otros; alguno de ellos con alto grado de especialización como aquella llave dinamométrica de dimensiones descomunales.
De repente, se hizo la luz en aquel sótano y una mano desacostumbrada a la grasa empezó a manosearla de forma más torpe que impúdica lo que no impidió que nuestra protagonista casi enfermara de indignación. Afortunadamente todo fue rápido y casi indoloro. Mientras pensaba si quejarse o no y a quién vio llegar a la diez-once. Una vuelta ... ¡qué escalofrío!, otra vuelta ... ¡qué gustito!, otra más ... ¡no solo tengo trabajo sino que además presiento que va a ser indefinido!.
Un saludo, Domingo.
De repente, se hizo la luz en aquel sótano y una mano desacostumbrada a la grasa empezó a manosearla de forma más torpe que impúdica lo que no impidió que nuestra protagonista casi enfermara de indignación. Afortunadamente todo fue rápido y casi indoloro. Mientras pensaba si quejarse o no y a quién vio llegar a la diez-once. Una vuelta ... ¡qué escalofrío!, otra vuelta ... ¡qué gustito!, otra más ... ¡no solo tengo trabajo sino que además presiento que va a ser indefinido!.
Un saludo, Domingo.
sábado, 28 de febrero de 2015
Un átomo le dice a otro (Relato)
Saben aquel que diu ... que eran dos átomos muy amigos. Habían entablado amistad allí en aquella nube de polvo y gas producto de la explosión de no sé sabe qué estrella. Millones de años duraba la amistad y se conocían de memoria, como a su propio núcleo. Tanto se conocían que cualquiera de ellos podía acabar la frase antes siquiera que el otro la comenzara. Por eso, al llegar la nave espacial que hacía uso del escaso Hidrógeno disperso por el espacio para propulsarse, el más extrovertido de los dos comentó:
- No acepto la apuesta. Dada su puntualidad el piloto es obviamente inglés.
Un saludo, Domingo.
- No acepto la apuesta. Dada su puntualidad el piloto es obviamente inglés.
Un saludo, Domingo.
sábado, 3 de enero de 2015
Mantener el momento
Nuevo año, nuevo blog. Una de esas costumbres que no deben perderse. Se archiva el antiguo, se crea el nuevo y a seguir publicando con un ritmo discontinuo/desigual. Otros años he añadido la lista de todos los blogs archivados, este solo he añadido el último. De hecho, el patrón es siempre el mismo y no debería ser mucho problema el encontrar algo en concreto siempre que se busque bien. Además, el "apellido" del blog vuelve este año al español abandonando el idioma de Shakespeare tan solo unos días antes de acabar de leer (o algo así) todas sus obras.
Abundando en el "apellido", ese mismo que da nombre a la entrada, una pequeña explicación: si al iniciar el 2014 consideraba que nunca había estado mejor, ahora tengo una sensación bastante similar (exceptuando quizás los problemas de las rodillas, que no recuerdo cómo estaban hace un año). Pero con un elemento adicional que no es otro sino la percepción de que durante los últimos meses la suerte se ha convertido en una importante aliada, aliada que no me importaría que siguiera conmigo durante un tiempo; otro año, pongamos. Es por eso y no por otra cosa por lo que, de momento, me apetece mantener el momento.
Cantó el necio y sonó a cierto.
Cavilaba el sabio descontento,
Narré un hecho y sonó a cuento.
Desconcierto en movimiento.
Mareado el viejo suena cuentos,
Mareantes ciertos desaciertos
Una pregunta, respuestas, cientos
Y ninguna sonando a acierto.
Cuando le faltaba ya el aliento,
Trájole la respuesta el viento:
Muy muy rápido o muy muy lento,
Amoroso, neutral, violento,
Un ratito o todo el tiempo,
¡Qué importante es el momento!
Un saludo, Domingo.
Abundando en el "apellido", ese mismo que da nombre a la entrada, una pequeña explicación: si al iniciar el 2014 consideraba que nunca había estado mejor, ahora tengo una sensación bastante similar (exceptuando quizás los problemas de las rodillas, que no recuerdo cómo estaban hace un año). Pero con un elemento adicional que no es otro sino la percepción de que durante los últimos meses la suerte se ha convertido en una importante aliada, aliada que no me importaría que siguiera conmigo durante un tiempo; otro año, pongamos. Es por eso y no por otra cosa por lo que, de momento, me apetece mantener el momento.
Cantó el necio y sonó a cierto.
Cavilaba el sabio descontento,
Narré un hecho y sonó a cuento.
Desconcierto en movimiento.
Mareado el viejo suena cuentos,
Mareantes ciertos desaciertos
Una pregunta, respuestas, cientos
Y ninguna sonando a acierto.
Cuando le faltaba ya el aliento,
Trájole la respuesta el viento:
Muy muy rápido o muy muy lento,
Amoroso, neutral, violento,
Un ratito o todo el tiempo,
¡Qué importante es el momento!
Un saludo, Domingo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)